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Calzado infantil con CALIDAD al MEJOR PRECIO

Somos tres hermanos Núria, Andreu y Julio (Nu-An-Ju) y el abuelo de Nuanju es el zapatero de los niños por excelencia. La responsabilidad de ser la mayor zapatería infantil y juvenil de Europa nos lleva a estar siempre pendientes de la salud y correcto desarrollo de los pies de los más pequeños. En Nuanju trabajamos con las primeras marcas del mercado en calzado infantil para garantizarte la seguridad y calidad que los pies de tus hijos necesitan.

Trabajar con las marcas de calzado infantil más prestigiosas del panorama Europeo nos permite ofrecerte el calzado que es tendencia en cada momento respetando y priorizando todas las normas ergonómicas y de salud imprescindible para el correcto desarrollo del pie de nuestros hijos.

Contamos con calzado infantil para todas las etapas del crecimiento de los más pequeños: desde el primer calzado para bebés, hasta zapatos para momentos especiales de su vida, como comuniones o el primer día de escuela. En nuestra zapatería infantil encontrarás zapatos y zapatillas de todo tipo: botas, deportivas, chanclas, sandalias, merceditas…

El calzado que necesites, lo tenemos.

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  • Divertida manualidad: “Señor Manairó cabellos de hierba”

    Divertida manualidad: “Señor Manairó cabellos de hierba”

    Lo prometido es deuda...Aquí te damos una excelente idea de cómo reutilizar tus medias para hacer creativos Manairons con cabellos de hierba de la manera más sencilla y creativa para los pequeños de casa.

    Los peques no solo pasaran un rato creativo con los mayores sino además aprenderán sobre la germinación de la semilla y entenderán que para que una planta tenga un desarrollo óptimo, requiere de tierra con nutrientes, agua, luz solar y sobre todo cuidados.

    Te decimos los materiales para hacerla toma nota:

    • Medias de nylon
    • Semillas de hierba o alpiste
    • Tierra para macetas preparada con fertilizante
    • Hilo grueso y resistente (hilo de pescar, de nylon…)
    • Tijeras
    • Adhesivos de ojitos y bocas o una carita dibujada en un papel o botones y alfileres… (¡¡es momento de echarle imaginación!!)
    • Una superficie plana para trabajar
    • Pegamento resistente al agua
    • Un plato o recipiente para colocar tu “Señor Manairó cabellos de hierba”

     

    Pasos que deben seguir:

    1. Recorta la media por la costura, luego ábrela por todo lo largo y extiéndela sobre una superficie plana.
    2. Humedece la tierra y rellena la media con una capa de no más de medio centímetro de espesor. Cubre esa capa con un puñado de semillas de hierba o alpiste. Finalmente añade más tierra hasta llenarla para darle cuerpo a tu “Señor Manairó cabellos de hierba”
    3. Ata los extremos de la media de modo que quede redonda y refuérzala con el hilo grueso. El nudo quedará hacia abajo, así las semillas quedarán arriba y el hierba crecerá como si fuera el cabello del “Señor Manairó cabellos de hierba”.
    4. Ahora es momento de darle rienda suelta a la imaginación de tu pequeño: pueden hacerle la cara dibujándola en un papel aparte y uniéndola al cuerpo con unas gotitas de pagamento resistente al agua, o bien, conseguir adhesivos de ojitos y bocas. Incluso pueden usar botones y fijarlos con un alfiler
    5. Coloca el “Señor cabellos de hierba” en un recipiente o maceta que tenga siempre agua en la base, riégalo cada tres días para que comience a germinar. Una vez que haya crecido la hierba, tu pequeño podrá recortarla y darle un corte muy original.

     

    ¡Y listo solo hará falta enseñarles a tus pequeños sobre el cuidado y atención para que su plantita crezca sana!

  • La leyenda de los manairons

    La leyenda de los manairons

    En los pueblos de los Pirineos hay muchas historias que nos hablan sobre estos diminutos y alocados seres de los cuales te vamos a contar: Cuenta la leyenda que los manairons eran pequeños seres que se guardaban (ó se guardan, a saber!) dentro de los alfiletero de madera de aquellos que usaban nuestras abuelas, bisabuelas, tatarabuelas...bueno, es igual! para guardar las agujas. Cuando el canuto se destapaba los manairons salían como un enjambre de abejas, gritando:¡¡¡¿qué haremos?, ¿qué diremos?, ¿qué haremos?, ¿qué diremos?, ¿qué haremos?, ¿qué diremos?, enseguida se les debía de dar trabajo si no, se volvía histéricos, y hacían destrozos. ¿¿¿Te imaginas??? un grupo de manairons a tus servicios, ¿qué les pedirías?; te podrían ordenar tu habitación, hacer tu cama, acomodar tus juguetes, hacer tus deberes, bueno lo que te imagines...!  Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en un pueblo de los Pirineos llamado "La Guàrdia d’Ares", había una casa muy peculiar donde vivía un hombre que había hecho a lo largo de los años una gran fortuna. Su casa lucía realmente bien y es por eso que todos los habitantes de ese pueblo le tenían envidia. Todos decían que se había hecho rico gracias a que tenía el canuto manairon, (lo que era cierto). Cuando era época de arar solo bastaba con abrir el canuto y dejar salir los despavoridos manairons hambrientos de trabajo y darles órdenes para que comenzaran a hacer su magia, en un abrir y cerrar de ojos los campos estaban labrados y listos para sembrar.De esta manera a lo largo de los años y casi sin esfuerzo, está familia se había convertido en la más rica del valle. Un día de mercado el hombre dueño de este lugar, decide bajar a la feria para comprar la mejor mula del pueblo, acompañado de "Miguelin", su mozo de más confianza. Cuando llevaban un trozo de camino el hombre se da cuenta que se ha dejado el canuto del manairons sobre la cama. NOOO! y sí algún envidioso lo coge? - Se preguntaba el hombre. Miguelin vuelve hacia la casa sin perder ni un minuto y coge el canutillo de agujas que encontrarás sobre mi cama, pero sobre todo! ni se te ocurra de abrirlo, ¿me entiendes? - le dice el hombre.Al cabo de un tiempo Miguelin pasa junto a un arroyo donde encuentra una campesina trabajando y le dice:- Miguelin, ¡Hombre! ¿Qué haces que corres tanto?, ¿Que has visto un fantasma? - Dice la mujer, riendo.- Voy a buscar el canuto de mi amo que se lo ha dejado - Contesta Miguelin.- Pues ten cuidado de no abrirlo, que ya sabes lo que hay dentro. - Sí, si ... - Responde Miguelin. Cuando Miguelin llega a las primeras casas del pueblo se encuentra con un anciano que está sentado a fuera de su casa tomando el sol. - ¡Ay Miguelin! ¿Qué prisa tienes?, ¿te está persiguiendo alguien??? - le dice el anciano.- ¡No, no, es que voy a buscar el canuto de mi amo, que se lo ha dejado! - Le dice, otra vez sin detenerse. - Uy, pues ten cuidado que no se te abra, ¿eh? - El abuelo le dice lo mismo que la mujer.  Al cabo de un santiamén llega a la casa del hombre, sube la habitación del dueño y encima de la cama encuentra el canuto. Casi sin descansar toma el camino de vuelta.Esta vez a Miguelin le entra la curiosidad...y piensa: ¿y sí abriera el canuto solo por un momento?, solo para saber que hay adentro y enseguida cerrarlo...seguro que no pasaría nada y el dueño no se daría cuenta...  Miguelin se esconde en un lugar del bosque donde nadie pudiera verlo, coge el canuto y...¡hace lo que todo el mundo le advirtió que no hiciera!Destapa el canuto y un centenar de manairons salen despavoridos gritando:"¿Qué haremos?, ¿qué diremos?, ¿qué haremos?, ¿qué haremos?, qué diremos?"  El mozo desconcertado y nervioso no se le ocurre que decir: "ay pues, pues, pues...tomen todas la piedras que encuentren y apílenlas juntas". Todos los manairons diminutos empiezan a coger piedras por todas partes y apilarlas, en un santiamén forman un pedregal (una cantera) taaaan grande como tres campos de fútbol. Terminado el trabajo empiezan a decir: ¿Qué haremos, qué diremos?, ¿Qué haremos, qué diremos?, ¿Qué haremos, que queda?. Y el mozo que ya no sabes qué decir, grita: "¡Volveos a meter dentro del canuto, por el amor de Dios!" Y zaz! dicho y hecho en un santiamén los manairons se meten de nuevo dentro del canuto como un remolino, como cuando sacamos el tapón del fregadero, ¿sabéis?.Miguelin, que le tiemblan las piernas, los brazos e incluso los dientes, finalmente consigue poner la tapa... ¡Ufff, qué susto! - pensó. El mozo enfila de nuevo el camino de subida hasta que un poquito más adelante se encuentra con su dueño que ya lo espera (nervioso).- ¿¿¿Qué demonios hiciste con los manairons??? - Dice el hombre.- No nada... No, no, no... no abrí el canuto, el canuto - balbuceó en Miguelin.- No lo niegues, que has tardado mucho. - Ay amo! Perdonad mi curiosidad - confesó finalmente el mozo. - No sabía qué tareas pedirles, y al final, les dije que juntaran todas las piedras que viesen.-Pues tú sí que has vuelto a nacer! Si no les hubieras mandado trabajo, te habrían estrangulado ahí mismo. - Dice el hombre.Así fue como Miguelin se salvó por poco de la locura de los manairons y desde ese día aprendió a ser más prudente y no dejarse llevar por la curiosidad. Ah! por cierto!, el lugar del bosque donde trabajaron los manairons, hoy todavía se conoce como el "Tarter dels Manairons"; son un montón de piedras y rocas apiladas en medio del bosque, que nadie se explica de dónde salieron. Bueno, vosotros sí lo sabéis, ¿verdad?.